"La labor del proyectista es la trabajar a partir de un espacio esencialmente representado, o más bien, concebido, que se opone a las otras formas de espacialidad que caracterizan la practica de la urbanidad como forma de vida: espacio percibido, practicado, vivido, usado... Su pretensión: mutar lo oscuro por algo más claro. Su obsesión: la legibilidad. Su lógica: la de una ideología que se quiere encarnar, que aspira a convertirse en operacionalmente eficiente y lograr el milagro de una inteligibilidad absoluta.
Para ello se vale de un repertorio formal hecho de rectas, curvas, centros, radios, diagonales, cuadrículas, pero en el que suele faltar lo imprevisible y lo azaroso. En su vocación demiúrgica, buen número de arquitectos y diseñadores urbanos se piensan a sí mismos como ejecutores de una misión semidivina de imponerle órdenes preestablecidos a la naturaleza, en función de una idea de progreso que considera el crecimiento por definición ilimitado y entiende el usufructo del espacio como inagotable.
Espanta ante todo lo múltiple, la tendencia de lo diferente a multiplicarse sin freno, la proliferación de potencias sociales percibidas como oscuras.
En los espacios urbanos arquitecturizados –edificios o plazas– parece como si no se previera la sociabilidad, como si la simplicidad del esquema producido sobre el papel o en maqueta no estuviera calculada nunca para soportar el peso de las vidas en relación que van a desplegar ahí sus iniciativas. En el espacio diseñado no hay presencias, lo que implica que por no haber, tampoco uno encuentra ausencias. En cambio, el espacio urbano real –no el concebido – conoce la heterogeneidad innumerable de las acciones y de los actores. Es el proscenio sobre el que se negocia, se discute, se proclama, se oculta, se innova, se sorprende o se fracasa. Escenario sobre la que uno se pierde y da con el camino, en que espera, piensa, encuentra su refugio o su perdición, lucha, muere y renace infinitas veces.
La utopía imposible que el proyectador busca establecer en la maqueta o en el plano es la de un apaciguamiento de la multidimensionalidad y la inestabilidad de lo social urbano. El arquitecto puede vivir así la ilusión de un espacio que está ahí, esperando ser planificado, embellecido, funcionalizado..., que aguarda ser interrogado, juzgado y sentenciado. Se empeña en ver el espacio urbano como un texto, cuando ahí sólo hay textura. Tiene ante sí una estructura, es cierto, una forma. Hay líneas, límites, trazados, muros de hormigón, señales... Pero esa rigidez es sólo aparente. Además de sus grietas y sus porosidades, oculta todo tipo de energías y flujos que oscilan por entre lo estable, corrientes de acción que lo sortean o lo transforman.
Lo urbano es una forma radical de espacio social, escenario y producto de lo colectivo haciéndose a sí mismo, un territorio desterritorializado en que no hay objetos sino relaciones
diagramáticas entre objetos, bucles, nexos sometidos a un estado de excitación permanente. Su personaje central –el animal urbano– es “polivalente, polisensorial, capaz de relaciones complejas y transparentes con ‘el mundo’ (el contorno o él mismo)”.
Es una actividad, una acción interminable cuyos protagonistas son esos usuarios que reinterpretan la obra del diseñador a partir de las formas como acceden a ella y la utilizan al tiempo que la recorren. Esa premisa desactiva cualquier pretensión de naturalidad, de inocencia, de trascendencia o de transparencia, puesto que el espacio urbano es, casi por principio, indiscernible.
En el espacio urbano no existe nada parecido a una verdad por descubrir, lo que hace inútil aplicar sobre él exégesis o hermeneútica alguna. Flujo de sociabilidad dispersa, comunidad difusa hecha de formas mínimas de interconocimiento, ámbito en que se expresan las formas al tiempo más complejas, más abiertas y más efímeras de convivialidad: lo urbano, entendido como la ciudad menos su arquitectura, todo lo que en ella no se detiene ni se solidifica. Un universo derretido.
En relación con todo ello, hay que recordar que la asociación de lo público a aquello cuya titularidad corresponde al Estado introduce un elemento de malentendido a la hora de definir un espacio como público, puesto que de algún modo cuestiona la propia dimensión abierta y accesible a todos que se acepta como su primera cualidad. Considerar que ha de estar supeditado a las instituciones estatales equivale a afirmar que el espacio público no es del público, sino de un orden político que se ha autoarrogado la función de fiscalizarlo e imponerle sus sentidos.
Es en tanto que patrimonio de la administración centralizada sobre la ciudad –la polis– que el espacio público está sometido a una casi obsesiva voluntad clarificadora. Desde esa perspectiva, las principales funciones que debe ver cumplido ese espacio público se limitan a: 1), asegurar la buena fluidez de lo que por él circula; 2), servir como soporte para las proclamaciones de la memoria oficial –monumentos, actos, nombres..., y 3), últimamente, ser sometido a todo tipo de monitorizaciones que hacen de sus usuarios figurantes de las puestas en escena autolaudatorias del orden político o que los convierten en consumidores de ese mismo espacio que usan. Para tales fines, la Administración trata de mantener el espacio público en buenas condiciones para una red de encuentros y desplazamientos lo más ordenados posible, así como de asegurar unos máximos niveles de claridad semántica que eviten a toda cosa tanto la ambigüedad de su significado como la tendencia que nunca deja de experimentar a embrollarse, es decir, a una exuberancia perceptual y simbólica que lo hace ininterpretable en una sola dirección.
De hecho, bien podríamos decir que es cualquier cosa menos un territorio. Sería antinómico y no puede concebirse algo a lo que llamar territorio público. El espacio público es –repitámoslo– solo la labor de la sociedad urbana sobre sí misma y no existe –no puede existir – como un proscenio vacío a la espera de que algo o alguien lo llene. No es un lugar donde en cualquier momento pueda acontecer algo, puesto que ese lugar se da sólo en tanto ese algo acontece y sólo en el momento mismo en que acontece. Ese lugar no es un lugar, sino un tener lugar. Puro acaecer, el espacio público sólo existe en tanto es usado, que es lo mismo que decir atravesado, puesto que en realidad sólo podría ser definido como eso: una mera manera de pasar por él."
Lugar de arquitecto/urbanista que consigue reactivar una zona de mero tránsito mediante objetos sacados del propio lugar consiguiendo una interzona relacional en el trazado urbanístico.
Todo se deduce tras varios procesos de investigación social que nos han dado puntos de mayor interacción.
El macroespacio cobra sentido cuando los microespacios tienen idenidad.
viernes, 16 de mayo de 2008
Objeto 10

Movimiento: 4
Diversidad: 2
Improvisacion: 3
Relación: 1
- Objeto de intervención y con grado medio de reactivación.
- Usado principalmente por niños.
Objeto con activación mínima que causó interés principalmente en niños. Usado como complemento en ocasiones del objeto 9 en diversas situaciones creadas por los usuarios.
Además sirvió de bas para resumir los conceptos predominantes a lo largo de todo el proceso y proyecto de reactivación.
Objeto 9

Movimiento: 5
Diversidad: 5
Improvisación: 4
Relación: 5
- Objeto de mínima intervención pero de máxima actuación, interrelación e improvisación.
Tras un tratamiento mínimo, la reactivación prouida fue máxima. Fue el objeto de mayor interés para todos, debido a su gran capacidad de adaptación. Dio comienzo a la reactivación de AZCA y estuvo presente en todo momento, llegando incluso a injertarse en estos objetos por medio de las actuaciones de las personas.
Objeto 8

Movimiento: 2
Diversidad: 2
Improvisación: 2
Relación: 1
- Grado de elaboración media.
- Uso escaso en relación con la totalidad de objetos pero con pocas interrelaciones.
- El mayor interés: sonido produido por la reactivación.
Objeto que representa un uso aparentemente escaso pero que causó un gran interés debido al sonido producido por la reactivación llevada a cabo. Creando un objeto de carácer acústico similar al objeto 4.
Objeto 7

Movimiento: 2
Diversidad: 2
Improvisación: 3
Relación: 2
- Ojeto expositor final.
- Grado medio-alto de elaboración.
- Uso menor que el resto y empleado principalmente por jóvenes y adultos.
Objeto que en el lugar de actuación no produjo muchas interacciones pero sin embago nos sirvió comobase para exponer la reactivación, creando en nuevo uso. Su grado de elaboración es de tipo medio-alto y su empleo se desarrolló principalente por jóvenes y adultos.
Objeto 6

Movimiento: 2
Diversidad: 2
Improvisación: 1
Relación: 3
- Intervención media con poco uso por su fragilidad y posibilidad de rotura.
- Objeto de menorinterés aunque permitió improvisación de usos.
Objeto de menor interés en la reactivación para las personas debido a su fragilidad, aún a pesar de ello las interpretaciones en su utilización dieron un resultado óptimo.
Objeto 5

Movimiento: 3
Diversidad: 3
Improvisación: 4
Relación: 4
- Objeto que no ofrecía traslados pero sí movimieno del mismo. Inducía al juego.
- Interrelación media.
- Improvisación especial, descubrimiento de nuevos usos.
Este objeto llega a un uso inesperado que produjo la interrelación entre las personas. Nuestra intervención permitió el juego del movimiento del mismo en un punto estático. La mayor dificultad en el uso de este, hizo que el interés fuese mayor a partir de los 8 años.
Objeto 4

Movimiento: 4
Diversidad: 4
Improvisación: 5
Relación: 2
- Bastante actuación. Mayor actuacion.
- Uso más individual pero mucha improvisación en el tipo de usos.
Actuación de grado alto que produjo unamultiplicidad de usos, desde sonidos a equilibrios. Sin embargo las interreaciones eran bajas, de tipo individual. Usos que variaban según la edad del actante.
Objeto 3

Movimiento: 3
Diversidad: 4
Improvisación: 5
Relación: 2
- Objeto de máxima actuación y mucha multiplicidad de uso.
- Interés para todos los actantes.
- Uso de tipo individual y con el entorno.
Objeto de mayor actuación y complejidad en su elaboración lo que dio mucho juego en su utilización creando mucho interés entre los allí presentes. Tras su rotra surgieron nuevos objetos de los que surgieron nuevos usos, la nueva modificación elbaora nuevas reactivaciones.
Objeto 2

Movimiento: 5
Diversidad: 4
Improvisación: 1
Relación: 3
- Interacción menor por un uso de mayor dificultad que el balón.
- Poca intervención y uso medio.
- No multiplicidad de usos.
- Relación entre personas.
Objeto de poca intervención que produjo una interacción de grado medio-alto pero no proporcionó una multiplicidad de usos. La mayor dificultad de utilización del objeto, hizo que el interés en el uso fuese mayor a partir de los 5 años.
Objeto 1

Movimiento: 5
Diversidad: 5
Improvisación: 1
Relación: 4
- Interacción entre gente diferente, entre desconocidos.
- Se utilizó para lo esperado, no usos diferentes.
- Poca intervención sobre el artefacto y mucha actuación.
- Utilizado por todos.
A pesar de la poca intervención sobre él fue de los objetos que produjo mayor actuación, interrelación y contrabando entre personas. Sin embargo no tuvo una multiplicidad de usos, quedándose en la mera función de balón.
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